martes, 6 de enero de 2015

Miró la despedida de esa historia. Nadie espera.

Miró la despedida de esa historia. Nadie espera. 
Arrasados los ojos de sus lágrimas,
de la sed que las lágrimas revelan.
La historia en que esa despedida sucedió
fue una historia de viejas alegrías. Muchas lágrimas
son por lo que no fue, por todo aquello
a lo que la vida se ciñó, inesperadamente,
porque nunca quiso esperarlo. Decir adiós
fue a la vez un deseo y una derrota.
La vida ya no fue lo que debiera.
Los versos son deseo, sólo están para decir
cientos y miles de veces estragadas:
que el corazón no se pierda,
que la vida nos reúna, que el olvido no esté ahora,
que nos llegue la palabra de los sueños,
que se desborde el amor hecho de pieles.

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